En realidad ella quiso estudiar Ciencias Políticas porque entendía que “desde la política se podía ayudar a la gente”. Pero su padre, abogado también y con pragmático criterio, le indicó que se preparara paralelamente Derecho, cosa que hizo (ambos) en un doble grado en la Universidad Autónoma de Madrid, ya que entonces sólo podía encontrar ese doble grado en la capital del reino o en Granada. Lourdes Capdevila (Córdoba,1987) así mismo cursó master en asesoría de empresas y en tributación fiscal. Se colegió en Córdoba en 2011 para ejercer como letrada y desde marzo de 2019 preside la Agrupación de Jóvenes Abogados a la que se presentó con la candidatura ‘Seguimos avanzando’. Y es que, en efecto, los tiempos cambian y avanzan a una velocidad vertiginosa, que requiere a cualquier profesional un esfuerzo continuo de formación y actualización, las dos líneas principales que se trabajan desde esta agrupación que además reivindica más medios y reconocimiento profesional para sus compañeros del turno de oficio.   

– ¿La mejor defensa es siempre un buen ataque?

– No. Antes de atacar, prefiero evaluar cuáles son los objetivos reales y alcanzables de mi cliente para intentar llegar a un acuerdo que sea lo más beneficioso para él, evitándole riesgos innecesarios y sobre todo, un mayor coste. No se puede engañar al cliente con falsas esperanzas. Cuando decides pleitear tienes que tener la certeza de que posees los medios para que tu cliente salga ganando.

– Entonces ¿es mejor un mal acuerdo que un buen pleito?

– Para mí sí (ríe). Porque en un pleito dependes de que un tercero te dé la razón y vea el asunto como tú. Y nunca sabes cómo se ha levantado el juez ese día ni que va a opinar.

– En la junta directiva de la Agrupación de Jóvenes Abogados hay cuatro mujeres y tres hombres. Aquí no existe un problema de cuotas ¿no?

– Para nada. De hecho teníamos problemas para encontrar hombres. En la anterior, por cierto, éramos cinco mujeres y dos hombres. No sé si es que los jóvenes están más dedicados a otras cosas o qué, pero nos cuesta siempre encontrar candidatos varones.

– ¿Pero porque hay menos hombres abogados o porque no les va mucho lo del corporativismo?

– Las últimas estadísticas reflejan que se han colegiado más mujeres que hombres, por lo que no creo que sea eso. Pero esto necesita mucha dedicación e implicación. Ser muy ordenado. Quizá es que ellos, insisto, están más dedicados a otros asuntos.

– La juventud suele implicar cierta inocencia ¿Cómo pierde la inocencia un joven abogado?

– Pues yo creo que el primer día que llega al Juzgado ya ha perdido la inocencia (ríe), porque te dan palos por todos lados. Solo ya por ser joven se suele sufrir el rechazo del cliente porque creen que esa persona no les va a defender bien. La inexperiencia es un hándicap que llevamos con nosotros. Entonces, la inocencia se va perdiendo en el día a día, pero bastante pronto.

Solo  por ser joven se suele sufrir el rechazo del cliente porque creen que esa persona no les va a defender bien. La inexperiencia es un hándicap que llevamos con nosotros.

– Hay un refrán que dice que “el médico y el confesor, cuanto más viejos, mejor” ¿Se da también el caso con los abogados?

– No puedo defender eso (ríe). Entiendo que la gente se fíe más de un abogado con experiencia, pero también digo que los jóvenes están mucho más preparados, tienen más ganas e ilusión, les dedican más horas… Entonces, siempre intentan suplir esa falta de experiencia con más dedicación. Y en muchas materias están muy preparados a diferencia de los mayores: delitos de redes sociales, como el bulling (acoso). A veces a un abogado de 60 años le hablas de bulling y no creo que sepa muy bien de qué se trata.

– De hecho, en Jóvenes Abogados insistís mucho en la formación de cara a esta era digital.

– Es que defendemos que no sólo hay que formarse jurídicamente, que también, y esa es una labor principal del Colegio, sino que intentamos abordar otros campos de formación, como la oratoria, técnicas de interrogatorio e incluso marketing. Porque eso no se piensa, pero el abogado es un pequeño empresario. Y hay que saber venderse. Tener presencia en las redes sociales, por ejemplo. Y en eso creo que tiene ventaja el joven abogado.

– El abogado es un autónomo.

– Exacto.

-Pero no se les ve en las reivindicaciones de los autónomos.

– La mayoría de los colegiados están en la Mutua de Abogacía,  un régimen muy similar al del autónomo, pero que es una mutualidad que posee ciertas ventajas respecto a los autónomos. Aunque compartimos las mismas reivindicaciones, pagamos los mismos impuestos, no tenemos la seguridad de un trabajador por cuenta ajena… lo mismo que cualquier joven que empieza en otra profesión.

– ¿Qué se aprende en el turno de oficio?

– Mucho. Se aprende a tratar con la gente, con gente muy diversa. Se aprende a tratar con alguien que no te ha elegido, lo cual es muy importante. Porque, normalmente, a tu despacho acude un cliente en concreto porque ha oído hablar de ti o te conoce, pero en el turno de oficio te lo adjudican. Te toca. Yo sobre todo, además de a tratar con la gente, he aprendido a hacerlo con situaciones muy complicadas.

En el turno de oficio se aprende a tratar con la gente, con gente muy diversa. Se aprende a tratar con alguien que no te ha elegido, lo cual es muy importante.

– ¿Los pobres y los ricos son iguales ante la ley?

– Creo que no, y lo vemos todos los días en las noticias. Quizá porque hay gente que tiene más medios, más posibilidades de asesorarse previamente, para no cometer ciertos delitos, que otros pues no pueden permitirse.

– Matizo la pregunta pues: son iguales ante la ley pero no ante la Justicia.

– En efecto. Es que hoy en día se castiga más al que ha entrado a un establecimiento y ha robado una televisión que al que ha estado tres años defraudando a Hacienda o a un político corrupto. Entonces es verdad que se puede entender esa sensación que tiene la ciudadanía de que la Justicia no es igual para todos.

– ¿Teme que la Justicia acabe teniendo la misma mala imagen que la política?

– Sí. Yo lo percibo en los clientes. No confían en la justicia. Por eso me remito a lo que te he dicho antes sobre intentar llegar a acuerdos. En un acuerdo siempre tienen que ceder los dos, y seguramente acaben más contentos que si se dicta una sentencia definitiva que dé la razón a uno y a otro no. 

– Se habla mucho de la injerencia de la política en la justicia, de la ‘muerte’ de la separación de poderes… ¿cómo se vive eso desde la joven abogacía?

– A ver, nosotros no dejamos de ser abogados de provincias, aunque suene un poco mal, y no se ve eso de que el Poder Ejecutivo se pueda estar metiendo en terreno del Judicial. ¿En qué afecta la política en la Justicia? Pues en la falta de medios. Y eso sí lo vivimos nosotros y el ciudadano. Hay juzgados que están señalando hoy en día, en Córdoba, para 2023.

Es verdad que se puede entender esa sensación que tiene la ciudadanía de que la Justicia no es igual para todos.

– Otro refrán: “Al confesor y al abogado, no los tengas engañados”.

– Totalmente de acuerdo (ríe). Hay clientes que mienten y eso es un error. Yo siempre les digo que me cuenten todo y ya se verá lo que utilizamos y lo que no. Necesito toda la información para su defensa. Normalmente en la primera entrevista no se abren, aunque hay algunos que sí lo hacen desde el primer momento. Pero es básico que te lo cuenten todo para hacerles un mejor asesoramiento.

– Tiene usted un master en tributación fiscal. ¿De qué le sirve a un hombre ganar la libertad si va a perder más de la mitad de su sueldo en impuestos?

– Buena pregunta. A ver, es que queremos tener un Estado que cubra muchas necesidades y aspectos de la vida de los ciudadanos, y que nos cueste lo menos posible. Y eso es incompatible. ¿Qué percepción tengo yo no como abogada sino como contribuyente? Pues que si no se fueran  nuestros impuestos en tantas cosas superfluas (las 20.000 agencias que hay, el coche oficial…) los impuestos se gestionarían mejor. Es cierto que las estadísticas dicen que, hasta mediados de año, estás trabajando para Hacienda y a partir de junio o julio es cuando empiezas a ganar dinero para ti. ¿Qué te puedo decir? Pues que es una injusticia. Yo lo que intento, con mi asesoramiento, es que le cueste lo menos posible al cliente.

– Por tanto, y como con la Justicia que le preguntaba antes, no es lo mismo el fisco para el rico que para el pobre.

– Por supuesto. Como te he dicho antes, el rico tiene los medios para eludir ciertos impuestos, para crear sociedades que el pobre desconoce, tener patrimonio oculto que otros sí tienen a su nombre. Hay casos de personas con mucho patrimonio o sociedades y no figura casi nada.

 Recientemente han celebrado unas jornadas sobre violencia de género. También existe debate sobre esto: ¿Violencia de género o violencia intrafamiliar?

– Es un tema polémico. Yo entiendo que se debe proteger ante todo tipo de violencia y creo que debe castigarse igual el hecho de que un hombre agreda a una mujer o una mujer a un hombre. Ese es mi punto de vista. Pero también creo que debe existir una discriminación positiva cuando,  y no es lógico que suceda, llevamos apenas un mes del año 2020 y tenemos ya tantísimas muertes de mujeres a manos de hombres. Aunque no creo que una ley sea la solución. La solución está en educar, desde los colegios, en la familia. Porque al final si no se educa, por mucho que la ley contemple esas penas, se está colapsando un juzgado que no va a poder dar soluciones reales.

– ¿Piensa que no está funcionando la ley?

– A día de hoy pienso que existe la misma violencia que antes, pero es verdad que las mujeres se atreven más a contarlo. Yo tengo casos de mujeres de 70 años que denuncian por primera vez una violencia de género. Cuando te lo cuentan descubres que han sufrido agresiones físicas y verbales toda su vida. ¿Por qué lo dicen ahora? Pues porque los medios y la sociedad están haciendo hincapié en que se denuncie. Entonces, sí creo que estamos más sensibilizados con el tema. Mi percepción es que existe más violencia de género o en mayores o en jóvenes. En el tramo de edad de 40 a 55 años, yo por lo menos, no he tenido apenas casos. En los jóvenes, además, hay mucho control sobre la mujer. Esa es mi experiencia en el despacho.

¿En qué afecta la política en la Justicia? Pues en la falta de medios. Y eso sí lo vivimos nosotros y el ciudadano. Hay juzgados que están señalando hoy en día, en Córdoba, para 2023.

-¿Un abogado deja de ser joven por el número de años o por el número de pleitos?

– Para el Colegio, por el número de años (ríe). Según uno se sienta joven o no, aunque el número de pleitos te da experiencia, aunque también depende del pleito, porque no es lo mismo llevar diez cosas pequeñas que dos de relevancia.

– ¿Qué retos tiene por delante la Agrupación de Jóvenes Abogados de Córdoba?

– Nosotros queremos estar siempre a la vanguardia de la formación, porque los abogados jóvenes tienen más difícil el acceso a cursos que cuestan dinero, y en sus inicios, lo que quiere hacer la Agrupación es apoyarlos. Entendemos que la tecnología, los nuevos medios, son imprescindibles. Queremos poner a su servicio bases de datos, incluso hacerlos partícipes de la inteligencia artificial. Parece que los robots van a acabar con los abogados, lo cual es imposible, pero ya hay robots que te hacen demandas. Y fomentamos el corporativismo con el Colegio y la convivencia con los compañeros.